Vizcaya Weekly

Se estrechan los caminos

Al cierre de la semana pasada vimos un escenario de mercado bastante conocido: Europa seguía celebrando una temporada de resultados mejor de lo esperado, mientras que en Estados Unidos el tono era más bien de cautela.

Alan Levi
3.3.2026

La razón es una incomodidad que se viene instalando hace semanas: la inteligencia artificial sigue siendo una fuerza enorme, pero el mercado ya no se conforma con que el crecimiento sea impresionante; ahora quiere ver que los retornos terminen de justificar el nivel de inversión. Ni siquiera los resultados sólidos de Nvidia alcanzaron para despejar las dudas y, de hecho, bastó una reacción fría para recordarnos que, cuando una historia está tan basada en expectativas, cualquier detalle puede pesar más de la cuenta.

En paralelo, esa misma duda fue empujando una rotación silenciosa: menos dependencia de los gigantes tecnológicos y más interés por acciones de valor, compañías más pequeñas y mercados fuera de EE. UU., con emergentes aprovechando el reacomodo. En renta fija, el tono también se fue volviendo más defensivo: el rendimiento del Treasury a 10 años cayó con fuerza hacia el 4% (cerrando cerca de 3,97%), como si el mercado nos repitiera una vez más: “ojo, el riesgo no está desapareciendo, está cambiando de forma”.

Sin embargo, el fin de semana la escalada del conflicto en Medio Oriente terminó por desplazar el foco. De estar mirando si la IA iba a sacudir a otro sector, pasamos a un escenario geopolítico con consecuencias directas sobre energía, transporte y activos refugio. La señal más inmediata estuvo en el petróleo: el Brent saltó cerca de un 8% en los momentos de mayor tensión. Al mismo tiempo, el oro —que ya venía firme— volvió a recordarnos su rol de refugio, acumulando un alza de más de 20% en lo que va de 2026.

Cuando el petróleo se mueve así, no es solo un número: es un recordatorio de que la energía es un insumo clave para la economía, y que un shock de precios puede volver más “pegajosa” la inflación y complicar el libreto esperado sobre las tasas. Por lo mismo, el mercado empezó a recalcular expectativas sobre la Reserva Federal: si la energía presiona los precios, se reduce el espacio para recortes rápidos. En ese contexto, el dólar se fortaleció, porque en episodios de incertidumbre suele funcionar como refugio y porque la combinación “petróleo arriba + expectativas de tasas menos flexibles” tiende a apoyarlo.

Todo esto llegó sobre un mercado que ya venía con ánimos tensos, por lo que la reacción bursátil fue coherente con el “modo prudencia”: un mercado que, más que buscar la “mejor oportunidad”, se concentra en entender cuál es el costo de equivocarse. En el fondo, la idea que dominó el cierre de semana fue simple y bien humana: cuando el escenario se vuelve más impredecible, el mercado no necesita una catástrofe para ponerse defensivo; le basta con que se estreche el margen de error.

La semana que comienza vuelve a poner los datos macro en el centro de atención, con la esperanza de que ayuden a ordenar el relato. Entre ellos, el dato más importante será el empleo de febrero en EE. UU. (viernes), porque llega justo antes de la próxima reunión de la Fed del 17–18 de marzo: si el mercado ve señales de una economía que se recalienta, puede volver el discurso de tasas altas por más tiempo; si ve enfriamiento, puede mejorar la expectativa de recortes, aunque en un clima geopolítico tenso eso también se puede leer como “menos crecimiento”.

De esta forma, pasamos de una semana marcada por las dudas sobre la IA a un fin de semana donde la geopolítica tomó el volante y reordenó las prioridades del mercado: energía, refugios, dólar y tasas volvieron a ser protagonistas. Y lo que toca ahora es mirar tres señales simples para navegar: qué pasa con el petróleo y cómo contagia la inflación y las expectativas de la Fed; cómo se mueve el dólar, reflejando el grado de “refugio” del mercado; y qué muestran los datos de empleo y consumo, el termómetro para ver si la economía aguanta tantos movimientos.

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