Vizcaya Weekly

Con freno de mano

La semana pasada hablábamos de la necesidad de encontrar una temperatura adecuada para la economía estadounidense: suficiente crecimiento para sostener las utilidades de las empresas, pero suficiente moderación para permitir que la inflación continúe bajando.

Alan Levi
8.9.2026

El primer examen llegó el viernes y dejó un mensaje bastante claro: por ahora, la economía sigue teniendo fuerza. Esta semana conoceremos la otra mitad de la historia.

Durante agosto, Estados Unidos creó 162.000 nuevos puestos de trabajo, prácticamente triplicando las expectativas del mercado. La tasa de desempleo se mantuvo en 4,1% y, aunque los salarios continuaron moderándose, el resultado despejó parte de las dudas que habían aparecido durante los últimos meses sobre un deterioro del mercado laboral. Para la economía es, sin duda, una buena noticia. Para los mercados financieros, la interpretación es un poco más complicada.

La razón vuelve a estar en la Reserva Federal. Un mercado laboral saludable reduce considerablemente la urgencia de estimular la economía y permite que la Fed concentre su atención en el problema que todavía no ha logrado resolver completamente: la inflación. Después del reporte de empleo, el mercado volvió a elevar hasta cerca de 60% la probabilidad de una nueva subida de tasas en la reunión del próximo 16 de septiembre. Una buena noticia para la economía terminó convirtiéndose, al menos parcialmente, en una mala noticia para las tasas.

Esta dinámica explica buena parte de lo que hemos visto durante las últimas semanas. La economía estadounidense continúa resistiendo, las utilidades corporativas siguen creciendo y el entusiasmo alrededor de la inteligencia artificial mantiene un importante soporte para las bolsas. Sin embargo, cada señal adicional de fortaleza también entrega a la Reserva Federal mayor espacio para mantener una política monetaria restrictiva.

Y justamente ahí aparece el próximo desafío. El petróleo volvió a subir con fuerza durante la semana pasada ante una nueva escalada de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, mientras otros precios relacionados con energía y alimentos también han comenzado a mostrar presión. Esto no significa necesariamente que la inflación vaya a volver a dispararse, pero sí complica un escenario en el que la Fed necesita evidencia convincente de que los precios continúan avanzando hacia su objetivo de 2%.

Esta combinación también ayuda a explicar por qué las tasas de largo plazo permanecen tan elevadas. El Treasury a 10 años volvió a acercarse a 4,8%, manteniendo vigente uno de los principales riesgos que hemos seguido durante las últimas semanas. Tasas elevadas aumentan el costo de financiamiento y, al mismo tiempo, hacen que los bonos compitan de manera más atractiva con las acciones por el capital de los inversionistas.

A pesar de ello, las bolsas estadounidenses continúan mostrando una resistencia notable. El S&P 500 permanece muy cerca de sus máximos históricos, apoyado especialmente por tecnología y por un crecimiento de utilidades que continúa sorprendiendo positivamente. Sin embargo, debajo del índice la situación es algo menos uniforme: cada vez menos acciones participan de las subidas y varios indicadores muestran una pérdida de fuerza en el corto plazo, una señal para mirar con mayor atención qué tan amplio es realmente el avance del mercado.

Esta semana, finalmente, será el turno de la inflación. El jueves conoceremos los precios al productor y el viernes llegará el IPC de agosto, probablemente el último gran dato capaz de cambiar significativamente las expectativas antes de la reunión de la Fed. Después de un empleo considerablemente más fuerte de lo esperado, una inflación que vuelva a sorprender al alza podría entregar a la Reserva Federal los argumentos que necesita para subir nuevamente las tasas. Una cifra más moderada, en cambio, volvería a abrir completamente la discusión.

La situación no es exclusiva de Estados Unidos. El Banco Central Europeo también decidirá esta semana sobre sus tasas en un contexto de inflación nuevamente al alza, mientras Japón comienza a avanzar hacia una normalización de su propia política monetaria. Después de años en que buena parte del mundo discutía cuándo comenzarían los recortes, hoy varios de los principales bancos centrales vuelven a enfrentarse a la posibilidad de tener que endurecer sus políticas.

Nos vemos la próxima semana.

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